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Monopolio comercial

13 años > Historia > Formación de la sociedad americana

1- Contexto histórico

El Imperio español, al igual que los otros países europeos de la época, aplicó con América una política económica Mercantilista.

El Mercantilismo es la doctrina económica que considera que la riqueza de las naciones depende de la cantidad de dinero y metales preciosos que posee. El principal medio para incrementar y acumular metales preciosos es el comercio. Se estimula la exportación, que significa entrada de dinero, y se limitan las importaciones, evitando la salida de dinero por compras al exterior. Es, por lo tanto, una política económica proteccionista. Pretende alcanzar una balanza comercial favorable (vender más que lo que se compra). En la práctica esto significó el establecimiento de un rígido Monopolio Comercial.

Los países americanos sólo podían comerciar con España. Este comercio debía efectuarse sólo a través de un puerto español: Sevilla hasta 1680, y Cádiz hasta 1765.

Las colonias proporcionaban metales preciosos y materias primas y adquirían productos manufacturados españoles o de procedencia extranjera. 

 

 

2- ¿Qué es el monopolio comercial?

Cuando pensamos en la economía mundial actual, pensamos en una economía globalizada. Sin embargo, ¿sabemos qué significa realmente lo anterior? La globalización suele definirse como un proceso económico, cultural, tecnológico y social propio de los siglos XX y XXI, que implica una creciente interconexión e interdependencia entre los países del mundo, uniendo mercados, sociedades y culturas. Según algunos autores, como el economista Aldo Ferrer y el sociólogo Bogdan Denitch, este proceso se inició con la llegada de los españoles al “Nuevo Mundo” y la actividad comercial que conectó a América, Europa, África y Asia.

 

Considerando lo anterior, el comercio americano fue determinante, no solo para las aspiraciones del Imperio español, sino también para otros Estados europeos, como Holanda, Francia e Inglaterra, que tomaron el control de diferentes zonas del Caribe para mantener actividades comerciales al margen de las normas establecidas por España.

El control comercial que España intentó mantener en América se manifestó, primeramente, a través de un sistema de flotas resguardadas por galeones, impuesto durante el siglo XVI por Felipe II. Con el sistema de flotas solo podían realizarse dos expediciones anuales, las que obligatoriamente debían circular entre puertos exclusivos de la Corona, como Sevilla en España y Veracruz, La Habana, Cartagena de Indias o Portobelo en América; y quedaba totalmente prohibida cualquier actividad comercial que no estuviese organizada por la Corona, lo que dio origen al denominado monopolio comercial colonial.

El sistema de flotas también produjo un encarecimiento en los productos, pues toda mercancía debía pasar por un gran número de puertos e intermediarios comerciales hasta llegar a sus compradores finales, lo cual incentivó el contrabando de ingleses y franceses. Esta situación obligó a los reyes de la dinastía Borbón, que gobernó España desde 1700, a implementar una serie de reformas destinadas a hacer más eficiente la explotación de recursos en América, flexibilizar el comercio colonial y aumentar los beneficios de la Corona. Esto dio origen al sistema de navíos de registro, es decir, embarcaciones que al registrarse ante las autoridades españolas podían obtener el permiso para comercializar con América, y a la Ordenanza de Libre Comercio.

 

 

Las reformas realizadas por la dinastía Borbón fueron varias y tuvieron como foco mejorar la administración y el control imperial sobre América. Aunque estas reformas también incluyeron aspectos políticos, fueron sus consecuencias económicas las que pudieron evidenciarse con mayor rapidez.

 

 
Pese a la mayor liberalización comercial, América siguió dependiendo de Europa mediante el consumo de las manufacturas originarias del Viejo Continente, como muebles, ropa, papel y libros, a cambio de grandes cantidades de materias primas, como el azúcar, el café o el cacao, que se hicieron fuertemente apetecidas por los europeos. La actividad comercial mantuvo conectados a los principales puertos y ciudades de América, pero el desarrollo del continente no fue posible debido a las trabas impuestas por el monopolio español.

 

3- ¿Cómo se estructuró en América?

El modelo económico capitalista surgido a fines de la Edad Media que privilegiaba la acumulación de capitales a partir de la actividad comercial y el afán de lucro se vio impulsado con las posibilidades que ofrecieron los viajes de descubrimiento.

La conquista de América permitió a los Estados europeos acumular grandes cantidades de oro y plata y sirvió para que España se volviera una potencia política, por el extenso territorio conquistado, y económica, por las riquezas que pudo acumular. A su vez, se fortaleció el modelo económico mercantilista que corresponde a una fase económica del modelo capitalista, que se caracteriza por:

→ Acumulación de metales preciosos, fundamentalmente de oro y plata, que son considerados fuente de riqueza para un Estado;

→ Participación activa del Estado en la economía, interviniendo en la regulación de las actividades comerciales, producción de monedas y control de las materias primas;

→ Protección del mercado interno, es decir, de la producción nacional, para lo cual se restringen las importaciones subiendo los impuestos aduaneros y se incentivan las exportaciones. Estas medidas se conocen como proteccionismo.

La puesta en marcha del mercantilismo y la entrada masiva de metálico a Europa, procedente en su mayoría de las minas de Potosí en el Alto Perú (actual territorio boliviano), sumado al aumento de la población, generaron una revolución de los precios, es decir, una alta inflación que afectó durante la segunda mitad del siglo XV y parte del siglo XVI a Europa.

La primera consideración que debemos hacer al hablar de la naturaleza del comercio sevillano con Indias es que las materias que se enviaron a América durante casi todo el siglo XVI estaban destinadas a satisfacer las demandas de una sociedad nueva e incipiente que se encontraba en esos momentos asentando sus bases. Por ello, entre los productos de exportación desde Sevilla, la harina, el vino y el aceite eran, sin duda, los que en mayor cantidad se enviaban a América. También las telas, sobre todo las lujosas, como los rasos o los terciopelos. El jabón, la cera, la miel, papel, cerámica, vidrios, instrumentos, medicinas, zapatos, herramientas componían el cargamento de las bodegas de los barcos que tenían como destino las Indias Occidentales.

 

 

Por supuesto todos estos productos que demandaba el Nuevo Mundo no procedían en su totalidad de Sevilla. Buena parte de ellos habían sido importados para destinarlos a América y entre las importaciones que procedían de Europa se destacaban las telas francesas, la mercería flamenca, la madera nórdica y el pescado salado de Inglaterra. También se importaron cantidades importantes de trigo, pues la producción local sevillana se mostró insuficiente para satisfacer la demanda de ultramar. Este trigo procedía sobre todo de Sicilia, del norte de África y de Francia.

Respecto a los productos de origen peninsular que demandaba América se destacaban los vinos andaluces, el arroz de Valencia, las pasas de Málaga, el atún de Cádiz y el aceite.

Y los productos procedentes de América eran sobre todo metales preciosos, perlas, cueros, azúcar, algodón, maderas exóticas como el palo de Brasil y tintes naturales como el índigo o el añil.

(A este comercio legal que realizaba América con España, siguiendo las obligaciones impuestas por el sistema de monopolio comercial, debemos agregar el cada vez más intenso contrabando que se realizaba en diversos puertos americanos –como Buenos Aires- con las potencias europeas en ascenso: Holanda, Inglaterra y Francia. Los comerciantes asentados en América -españoles y criollos- compraban a los barcos europeos que llegaban a sus costas harina, bebidas alcohólicas, textiles, metales, hachas, agujas y esclavos. Y les vendían cacao, tabaco, cueros y monedas de plata. Este contrabando se realizaba gracias a la corrupción de las autoridades españolas locales).

 

4- ¿Qué consecuencias tuvo?

Rápidamente las riquezas del nuevo mundo comienzan a ser explotadas especialmente los metales preciosos. En un comienzo será a modo de pillaje o extracción de las riquezas de las comunidades indígenas, pero pronto se organiza la producción minera en América.

 

 

Las riquezas del nuevo mundo repercutirán intensamente en el desarrollo económico europeo con las siguientes consecuencias:

a. Se intensifica considerablemente el proceso de acumulación de capital, que venía produciendo desde décadas anteriores. El comercio, actividad guía, será la base de esta acumulación que permitirá una reinversión en manufactura, minería, agricultura.

b. Cambia definitivamente el eje de la actividad económica. El Mediterráneo deja de ser el centro de la actividad comercial, para trasladarse a la vertiente Atlántica. Se consolida así el Eje Norte-Sur.

c. A partir de los nuevos descubrimientos comienza la lucha entre las potencias europeas por obtener Colonias que les aseguren metales preciosos y materias primas y un posible mercado que de salida a sus productos manufacturados.

d. Se establecen las bases de un comercio internacional desigual entre las Metrópolis europeas y las zonas colonizadas. Mientras Europa se reserva la producción de artículos manufacturados, la periferia quedará reducida a producción de bienes primarios, materias primas de menos valor comercial. Mientras en las Metrópolis existen condiciones de trabajo libre (asalariado) que permite a los trabajadores participar del consumo de productos manufacturados; en las colonias se desarrolla el trabajo servil (esclavitud) que se manifiesta en una baja demanda de productos manufacturados y en una restricción del consumo.

e. La abundancia de oro y plata procedentes de América, provocaran la llamada "Revolución de los Precios". Se devalúan las monedas europeas, debido al incremento de circulación monetaria, lo que se traduce en una alta inflación (alza de precios). El volumen de oro y plata aumenta considerablemente en relación con las mercancías existentes.

 

Los salarios no aumentaron al mismo nivel produciéndose al mismo tiempo serias tensiones sociales. Como aclaración de los factores anteriores es necesario señalar que el descubrimiento de América no fue un proceso extraeconómico, sino la coronación de un proceso de crecimiento interno de la economía europea, que sólo podía continuar si disponía de metálico y materias primas en cantidad y si lograba ampliar el mercado a los productos manufacturados.

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Fecha de publicación: 06/03/2024

Última edición: 06/04/2024

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